Una palabra: fidelidad. Es la palabra que acompaña a los festivales. Somos fieles a este formato, que hace ya unos cuantos años se han afincado en nuestro país y lo ha hecho de una forma muy positiva. Y lo ha conseguido porque nos ofrece una gran variedad de conciertos a un precio muy asequible. Ha cambiado nuestra forma de organizar las vacaciones de verano. Ya no nos vamos quince días a la playa, o nos vamos dos semanas al pueblo. Eso se acabó hace tiempo. Ahora nuestro verano está marcado por la agenda festivalera. Pero ojo, no abuses de esto porque puede traerte consecuencias…

Te lo digo porque “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Es difícil, por no decir imposible, que muchos artistas acaben coincidiendo en varios festivales. Ojo, no digo que sea malo, sino que es inevitable. De ahí que tengamos que tener cuidado a la hora de coger la maleta y marcar nuestro calendario de festis. Estoy cansado de escuchar cosas como “El concierto que dieron los Izal en el DCODE fue el mismo que dieron en Les Arts” o “Sadness está en todos los festivales”. Basta. El problema reside en ti y no en el festival ni en el artista. Deja reposar los conciertos. Deja que las canciones se vacíen en tu interior para volver a generar esa necesidad de volver a oírlas. De volver a llenarte. Entonces no tendrás problemas.

Dicho esto, te cuento cómo ha sido la primera jornada de la tercera edición del Festival Gigante, en Guadalajara, que para mí ha ganado puntos por apostar en la variedad musical.

Primera Jornada en el Gigante

Son las cinco de la tarde y el primer día del Festival Gigante está a punto de comenzar. Un sol abrasador abraza el Estadio Municipal Fuente de la Niña. En el escenario Coca-Cola, Gole Yaika, quienes ganaron el concurso de bandas emergentes organizado por Sandevid, empezaban su concierto con fuerza. Auténticos valientes que dieron todo al poco pero exquisito público que se dejó caer por aquel escenario. A la misma hora, pero en el escenario Gigante, arrancaba el concierto de Kurt Baker, quien también supo cuidar del público que se escondía en las pocas sombras que dejaba nuestro querido amigo el sol.

Jacobo Serra estaba apuntado como uno de los artistas a seguir muy de cerca en este festival. Su bolo fue a las 17:45 en el escenario Supersubmarina. La única pega que le pongo es que tenía que haber tocado una hora más tarde. Más que nada porque no pudimos asistir al concierto completo y me tuve que conformar con los últimos diez minutos. Pero fue un auténtico placer para los oídos poder disfrutar del arte que derrocha el manchego. La gente se lo hizo saber al acabar.

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Estuvimos también en el concierto de Nunatak. Los murcianos disfrutaron muchísimo tocando y esa felicidad se la trasladaron al público. Su último disco “Nunatak y el Pulso Infinito” fue su mejor arma, junto a la firmeza con la que tocaban cada uno de los temas. Disco que desde aquí te animo a escuchar.

La tarde iba avanzado a ritmo de rock and roll y a las 20:30 horas llegaba el turno del pop-rock de Egon Soda. Fue entonces cuando se empezaba a respirar el ambiente que debe rodear a un festival. La gente dejaba sus guaridas y se adentraban en la música del grupo de Barcelona.

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Se apagaban las luces del escenario Gigante y a las 21:30 se encendían las del escenario Supersubmarina. La Habitación Roja hacía presencia en el Gigante. Lo hacían con su último trabajo “Sagrado Corazón” como estandarte. Aunque fueron canciones más míticas como “La moneda en el aire”, “Ayer” o “Indestructibles” las que hicieron las delicias del respetable.

Y entonces ocurrió. Zahara aterrizó como un ciclón en Guadalajara. Al comenzar, sorprendió con temas de La Fabulosa Historia de… y  de La Pareja Tóxica que nos recordaban la parte más dulce que una vez vimos en La Madre de Dragones. Ahora la niña ha crecido y se ha hecho fuerte. Se ha hecho fuerte con canciones que son auténtico fuego valyrio, canciones como “El deshielo”, “Caída libre”,  “Crash” o “La gracia”. También volvió a sonar “Te debo un baile”, tema que Zahara ya ha probado en más de una ocasión y que empieza a formar parte de su lista para hacernos disfrutar. Bailamos y cantamos hasta quedarnos sin voz.

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Acabado el espectáculo de Zahara, llegaba el turno de Sidonie. Lo hacían en el escenario Supersubmaria. Fueron muchas las palabras de amor y fuerza que se dedicaron durante todo el festival a Chino y los suyos. Marc supo cuidar, y muy bien, del público que pagó el abono para ver a los de Baeza. Es así. Supersubmarina encabezaba el cartel de esta tercera edición junto con Amaral y hay que agradecer mucho la disposición de Sidonie a tapar semejante vacío. Lo hicieron a lo grande, con canciones, con música. “El peor grupo del mundo” salió dispuesto a lavarnos las heridas, a cerrar las cicatrices producidas por aquel fatídico accidente sufrido por Supersubmarina. Desde aquí queremos mandarles todo nuestro cariño, amor y fuerza. La misma fuerza con la que Sidonie nos cantó canciones como “Por ti”, “Un día de mierda”, “En mi garganta”, “Carreteras infinitas” o “Costa azul”. Y cuando todo parecía llegar a su fin, Marc y los suyos aparecieron en compañía de los chicos de La Habitación Roja, con quienes se atreverían a homenajear a Supersubmaria versionando “Viento de cara”. Todos los allí presentes entrábamos en éxtasis. Y ya, para cerrar la fiesta de Sidonie fue “Estáis aquí” la canción que junto al confeti sorprendió a las primeras filas y dejó caras de auténtica felicidad en todos los presentes.

La noche avanzaba con paso firme. La gente abandona el escenario Suersubmarina para hacerse un hueco, literalmente, en el escenario Gigante, donde iba a dar comienzo el bolazo de La Gran Pegatina. Yo, que quise guardar fuerzas para La M.O.D.A, no quise meterme de lleno en aquella olla a presión. Fue el concierto más multitudinario de la jornada del viernes. Derrocharon todo su arte y su fuerza para dejar al público sin voz y sin fuerzas para continuar con la noche. Una auténtica fiesta.

A las 3 llegaba el turno de La M.O.D.A,  y con él, el último concierto del viernes. La pega fue que empezó cuarto de hora tarde por problemas en la mala gestión de algún que otro concierto, algo que no sentó bien al público del Gigante. Pero fue empezar el concierto, oír la voz de David Ruiz y todo eso pasó al olvido. Tocaba disfrutar de uno de los mejores directos del panorama musical. Los de Burgos saben cómo hacer que las canciones entren en el alma y se queden allí a vivir. Disfrutamos como niños cantando y bailando canciones como “Miles Davis”, “Nómadas”, “Los hijos de Johny Cash”, “Nubes negras” o “Hay un fuego”. Así que allí, en medio de una marabunta enloquecida, los valientes aguantábamos hasta el final.