Van quedando pocos artistas sencillos. Esther Zecco es uno de ellos. Sencillez no significa poca cosa ni conformismo ni mediocridad. Me atrevería a decir que todo lo contrario. El mundo necesita más sencillez y menos gilipollez. ¡A propósito! Antes del concierto solo unos privilegiados pudimos ver el ensayo. Zecco estaba nerviosa y saltaba a la vista. Tanto, que no le costaba reconocerlo:

—Estoy gilipollas –decía–. Os prometo que no soy así.

A sus lados estaban Nacho Mur a las guitarras, Pablo Sotelo a la batería, Javivu Carretero al piano, Marcos Justo al contrabajo y Manu Clavijo al violín. Unos “amigos”, como definió Esther, componentes de un escenario de lujo.

A veces no termino de empaparme de una canción o un grupo o un artista hasta que consigo dar con la esencia que le caracteriza. Lo reconozco, con Zecco aún no lo he hecho. Pero también admito que sé si va a terminar de hacerlo o no. Y Esther lo está consiguiendo ya. Porque escribo esto escuchando las mismas canciones que tocó en el Teatro Alfil grabando su disco “Carácter retroactivo” en directo. Admito que lo va a conseguir y que, cuando salga ese disco en septiembre, lo compraré para ponerlo en el coche cuando la vida vaya atolondrada y con ganas de joderme un rato. Y así parar en seco y encontrar calma. Delicadeza. Divinidad.

En una de sus canciones, Esther se pregunta “¿qué es lo que pasó cuando no pasaba nada?”. Eso mismo nos preguntamos todos los que estuvimos allí esa noche. Nos topamos de repente con una duda de la que no queríamos salir, al menos de momento: ¿Y si éramos privilegiados por asistir a ese conciertazo? ¿Y estábamos ante el brutal despegue de un avión en llamas que incendiará España de esa mezcla de letra delicada y melodía divina? Apuesto a que sí.

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No sin querer, los invitados pusieron la guinda a las canciones en que acompañaban a Zecco y, por consiguiente, a la grabación del disco. El primero fue Alejandro Rivera, quién deshojó “Geografía” con la magia que tiene su voz cuando se entrega a la música. Edu Vázquez no fue para menos: “Déjalo” quedó impecable, como cuando Música Ilustrada entrevistó a los dos y la tocaron para nosotros.

Fabián volvió a dejarnos boquiabiertos con la canción de amor que todos quisimos componer alguna vez: con “Está bien así”, Esther Zecco alimenta las ganas de empezar de nuevo todos los días. Y lo de Carolina de Juan (Morgan) –ya lo sabéis– es otro cantar. Ternura y dulzura se juntaron para disparar, bala a bala, “Quiero que te enfades conmigo”.

En definitiva, un concierto que asustó por su inestimable potencial. Una grabación bella de algo que quiere salir afuera a comerse la carretera. Cuanto antes (por favor). La música y su carácter retroactivo, necesario para correr sin prisa hacia los lugares del mundo que necesitan paz.