Si algo me gusta mucho de las canciones de cantautor son las historias que en ellas se cantan. Me gustan porque son experiencias propias y cercanas que ha vivido el artista, y que, en muchas ocasiones, son historias que también hemos podido vivir nosotros mismos. Por esa razón tocan el corazón y nos emocionan. Fabián se expone en todas y cada una de sus letras. Se abre el pecho y nos muestra su corazón herido. El  pasado 26 de mayo los que estuvimos en la sala El Sol escuchando a Fabián nos reconciliamos con la música de éste género.

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La primera canción que escuché del leonés fue “Está Bien Así” una canción de Esther Zecco y en la que Fabián colaboró. Creo que fue así cómo lo encontré. Me encantó. Me gustó mucho el tono de su voz, la paz y la calma que transmite al cantar. Me quedé con el nombre y me puse a buscar sus canciones. Aquel día encontré a un artista hecho a sí mismo.

Fabián es un músico que ha ido creciendo en los escenarios y que también los ha recorrido. Es aquel chico tan alto que se quedaba esperando un salto casi al final y que cazaba libélulas, aunque fuera en los libros, aunque no las pudiera tocar. Joder, es el artista que a mi me hubiera gustado ser.

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El leonés, que desde hace unos meses reside en Madrid, nos brindó una noche mágica junto a su banda. Y es que La Banda del Norte lleva ya tiempo acompañando a Fabián y eso se nota sobre el escenario. Tocaba enseñarle al público madrileño las canciones de La Fe Remota, su quinto álbum ya. Y no había que escatimar en nada. La guitarra de Juan Marigorta, los acordes a piano de Alfredo González… la increíble y preciosa colaboración que realizó César Pop en La Luz Distinta

La noche del 26 de mayo fue la noche en la que Fabián nos limpió las heridas y sanó las cicatrices que llevábamos con nosotros. ¡Gracias amigo!