Hace un par de años me metí con cuatro amigos en el actual Teatro Barceló de Madrid dispuestos a dejarnos la voz cantando las canciones de Sidecars que, desde hacía tiempo, nos habían encandilado. Nos habíamos tomado un par de copas antes y estábamos preparados para sudar de lo lindo en una olla a presión. Así fue. Dábamos la nota como nadie entre el público y la banda nos lo reconocía con muecas y gestos de agradecimiento. Porque bien saben ellos que un concierto debe reventar la sala y el público tiene que ayudar a ello.

Las cosas han cambiado en Sidecars en dos años. Han crecido en cantidad y en calidad. El pasado domingo, en el Fnac de Callao (Madrid) presentaron su nuevo disco, “Contra las cuerdas”, un acústico grabado en directo con el que la banda celebra su décimo aniversario. Y lo han hecho a lo grande, junto a ilustres invitados como Iván Ferreiro, que cantó con ellos “Los amantes”; Carlos Tarque (MClan), que rugió “Dinamita” como si fuera su propia canción; Dani Martín, que escogió él mismo “Todos mis males”; y, por supuesto, el hermano mayor de Juancho, Leiva, que ya nos tiene acostumbrados a brillar de una manera tan solemne que hace que caigamos a sus pies en cuanto alza la voz.

Ese domingo, fui a verles con un par de amigos. Era raro que una banda de rock presentara su trabajo las 12 de la mañana de un domingo. Pues la sala se llenó. Cantamos todos con Juancho Conejo (vocalista y guitarra), Ruly (batería) y Gerbass (bajista) sus míticas “Fan de ti”, “Cremalleras”, “Fuego cruzado”, “Dinamita”, “Chavales de instituto”

Entonces, como ya tenían planeado, quisieron tocar una de las tres canciones nuevas incluidas en el disco. Se titula “Una eternidad”. Más que fiel a Sidecars, el tema baila sobre el hilo de un amor que no termina de completarse por algo que no acaba de convencer al autor de la letra. Acompañada de una melodía pegadiza, parece salida del libro de estilo del conjunto madrileño. Pero llena de experiencia. Como enseñando a gritos el salto de calidad que dan con los años. Si su primer trabajo “Sidecars” (que dio el nombre a la banda) es un discazo, imaginaos este.

Recomiendo vivamente escucharlo con atención a los detalles. Y, porque lo hacen bonito, somos muchos los que entendemos las señales que nos mandan. Precisamente, “Una eternidad” termina quejándose y diciendo “Yo casi nunca entiendo nada…”. El otro día, entendimos todos otra vez lo que ya sabíamos: que Leiva no tiene ninguna culpa de lo lejos que van a llegar y de lo que vienen haciendo hasta ahora. Que es talento y no enchufe, para que nos entendamos. Este tema lo es. Es desparpajo, es labia, es Sidecars hasta la médula. Justo al terminar la canción, alguien dijo detrás de mí: “Es la canción perfecta de Sidecars”.