Es viernes, 5 de junio de 2015, son las ocho de la tarde y el sol empieza a caer en picado encima de Valencia. En la famosa Ciudad de las Artes y las Ciencias, las gafas de sol y de rock van dejando el sitio a los focos que alumbran a los artistas que, dicho sea de paso, actúan sorprendidos ante la muchedumbre que llena las explanadas. No se esperaban 22.000 almas bailando al son de sus melodías.

En ese mismo instante, Dorian arañaba unos minutos al horario, acabando su “A cualquier otra parte” con más ganas que nunca, porque un público entregado había decidido acompañarles en ese y en los anteriores y cuidados temas que modelan su repertorio. Ya habían tocado, entre otros, La Bien Querida y León Benavente, quien sudó hasta la rabia por darlo todo en un ambiente hasta ahora inédito para la música.

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Porque la música es arte y el lugar en que estábamos lo requería.

Después, Second dribló, alucinó –también– y se fue a casa intentando darse cuenta de dónde había estado. Llegó el turno de Supersubmarina. Los de Baeza brillaron en una noche que recuerdan como la que no iba a ser y al final fue un jodido “sístole diástole como una bomba a punto de reventar” en el interior de toda esa gente que saltó en cada nota de sus canciones.

Los relojes marcaban las 23:50 y –no se supo por qué– se hizo el silencio. En diez segundos estaría sonando “Enemigo yo”. Como un sexto sentido, le gente lo sabía. Había quien miraba hacia arriba y quien alrededor. El precioso armamento de los monumentos que rodean la Ciudad de las Artes gobernaba el Festival de Les Arts. “Es la primera edición y mira la que han liado”, pensaban algunos. Y empezó: “Penetrando en mi conocimiento, enturbiando los pocos recuerdos que tengo…”.

Ahora se entendía todo. ¿Qué querían los jóvenes –y no tan jóvenes– para el mes de junio? Sí. Era esto. Porque “para que sea distinto, nos tendremos que mirar y decirnos las verdades como nunca fueron tal”. Y unirse. Unirse en una voz contra el aburrimiento del mundo. Y cantar todos juntos. Pero en un lugar diferente.

Lo mejor era que aún quedaba un día entero de festival, con otros artistas a la altura de los anteriores. Jero Romero, Carlos Sadness, La Habitación Roja… Qué os voy a contar: sensibilidad y calidad en forma de música. Con el sol en plena espalda, IZAL rugió “La mujer de verde” y otras perlas acompañados del mundo entero. Porque los que allí estábamos creíamos que no había más Tierra que aquel asfalto sobre el que bailábamos. Nos mudamos al Cielo por un rato.

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Lo de Lori Meyers y, posteriormente, The Wombats fue otro cantar, nunca mejor dicho. Los granadinos empezaron pidiendo disculpas por interrumpir (Mi realidad) y acabaron manteados. Los de Liverpool impresionaron a los pocos que no sabían de su increíble show. Fueron 30 bandas las que llenaron los tres escenarios de arte. Y había más: el diseño, la ilustración, la moda o la gastronomía también estuvieron muy presentes completando un fin de semana épico en la ciudad ché.

Y aún hay quién se sigue preguntando por qué volver en junio al Festival de Les Arts.


Les Arts PRO 2015 por festivaldelesarts