Madrid viaja al corazón de una Magnolia al ritmo de la psicodelia de Rufus T.Firefly

 

Hay conciertos y conciertos. El de Rufus T.Firefly el pasado sábado en Madrid era de esos que se esperan con ansias. De esos que se hacen cortos. En los que podrías quedarte a vivir eternamente. Y al acabar, volverías a retroceder en el tiempo para encontrarte de nuevo frente a ese escenario con el telón bajado minutos antes de que empezaran a sonar los primeros acordes de ‘Tsukamori’. Fue uno de esos conciertos que te reconcilian con la música. De los que sales envuelto en felicidad, y ya no puedes parar de tararear las canciones. Canciones que ahora suenan en bucle dentro de un vinilio.

No era la primera parada en la presentación de Magnolia. Ni si quiera en Madrid, pues ya habían interpretado algunas de sus nuevas canciones hace meses en la capital. También habían recorrido otras ciudades, e incluso conquistado uno de los primeros festivales de la temporada. Pero el concierto del pasado 22 de abril en la sala Ocho y Medio, era su puesta de largo.

Nadie quería (ni debería) perderse a Rufus T.Firefly. Las ganas de poder saborear en directo la potencia de los temas incluidos en Magnolia eran máximas, y las expectativas que había puestas sobre ellos eran demasiado altas, pero no solamente pudieron con ellas, sino que las superaron. Ya en los días previos una pregunta rondaba por Madrid, (y nada tenía que ver con ‘el clásico’): “¿vas a Rufus, no?”. Así, sin dar opción a que existiera la posibilidad de que alguien pudiera faltar a esta cita. Quizá por esto no resultó raro que una legión de fieles, de los de antes y de los que se han convertido con su último trabajo, inundaran todos y cada uno de los huecos de la sala.

“Os deseamos a todos un buen viaje. Venimos desde Aranjuez con amor”. Así daba la bienvenida Víctor Cabezuelo (voz, guitarra y sintetizadores) tras haber hecho entrar en calor a los allí presentes con las primeras canciones. ‘Tsukamori’, ‘El Halcón Milenario’, e ‘Incendiosuicida’ (incluida en Ø), daban el pistoletazo de salida a este esperadísimo concierto.

Y en ese viaje, fuimos poco a poco llegando hasta el centro del corazón de Magnolia -sin que faltaran temas de sus discos anteriores Ø y Nueve- guiados por su rock alternativo y psicodélico, adentrándonos en los ritmos eléctricos de ‘··0··’, la extrema belleza de ‘Nebulosa Jade’, o la envolvente ‘Última noche en la Tierra’. Pero además, homenajearon a los Beatles con ‘Lucy in the sky with diamonds’, quienes de una manera poco evidente están presentes en su último álbum. Y el silencio se adueñó de la sala cuando Víctor se puso tras el teclado y cedió su lugar a la espectacular voz de Alice Wonder, para interpretar, sin necesidad de guitarras, ‘Canción Infinita’ (extraída de Nueve).

La fuerza instrumental y el juego de luces fueron los protagonistas principales de una puesta en escena en la que, sin embargo, el foco estuvo dirigido gran parte de la noche sobre Julia Martín-Maestro, quien, sentada tras la batería -que en esta ocasión pasó de ocupar la parte trasera del escenario para situarse en primera fila-, se adueñó del show, ofreciendo una lección magistral, con un ‘groove’ y una fuerza al golpear las baquetas que son de otro planeta. Capaz de atraer todas las miradas, aplausos y desencajar las mandíbulas de los allí presentes.

A su lado, justo en el centro, con una sonrisa permanente que le duró todo el concierto, Víctor consiguió conectar con el público desde el primer momento y transportarle, con su voz (y sus bailes), a ese mundo lleno de colores y trazos psicodélicos que se dibuja en las canciones de su último trabajo, a través de un recorrido en forma de alegato en defensa de la naturaleza, el arte y el amor. Elementos que confluyen en sus nuevos temas, y que sonaron todos y cada uno de ellos, sin excepción alguna, para deleite de los que desde la pista estaban siendo espectadores de un viaje que va a llevarles muy lejos.

Sobre el escenario, a ratos las canciones dejaban paso a las palabras de Víctor, quien demostró una verdadera lección de humildad, y terminó de ganarse a los que llenaban aquella sala. Recordó y agradeció el apoyo de todos aquellos que les habían acompañado durante los “muchísimos años de carretera”, desde antes de que todo se hiciera realidad, y entre ellos a muchos de sus compañeros de profesión. Sin olvidarse de los que esa noche habían ido allí para verles: “No sé por qué apoyáis a estos freaks, pero nos apoyáis. Y todo esto es gracias a vosotros”.

Pero todo lo bueno se acaba. Aunque antes de cerrar el telón, decidieron reventar el Ocho y Medio con dos de los temas más potentes del disco, Magnolia y Río Wolf. Y mientras todos enloquecían, invadidos por una especie de éxtasis colectivo del que sería imposible salir, aquello llegaba a su fin, y ese concierto, que había sido una especie de prueba de fuego para los de Aranjuez, dejaba claro que Rufus T.Firefly son un “puto milagro”.

Fotos vía: JanethePlanet