El día que Taburete llenó el Palacio de los Deportes con 15.000 almas

 

Así es. Taburete colgó el cartel de no hay billetes en el WiZink Center, algo al alcance de muy pocos grupos del panorama actual, teniendo en cuenta además, que la banda liderada por Guillermo Bárcenas y Antón Carreño solo llevan dos años subiéndose a los escenarios.

Es una pena ver cómo desde algunos medios solo se hace eco de Taburete por el origen del grupo o más bien por quiénes son sus padres. De hecho, he llegado a dar con un artículo en el que se hablaba del prototipo de público que va a sus conciertos. ¿Hola? Siglo XXI y aún hay gente que abandera tolerancia y luego te clava un artículo de ese calibre. Hablemos de música, por favor, no hagamos de la música prensa sensacionalista.

El Palacio hasta la bandera

 

Taburete empezó su andadura allá por el 2015, año en el que lanzó su primer álbum de estudio, Tres Tequilas. Un disco de nueve canciones en el que se puede distinguir rápidamente un estilo propio, como bien dice Fernando Navarro, con reminiscencias ochenteras y toques de ranchera, que en cierto modo te va enganchando poco a poco. A mí personalmente me costó más de un par de escuchas enganchar con el estilo de esta banda, pero fue en un viaje con dos amigos a la sierra de Madrid cuando estas canciones entraron para quedarse. Qué bien sienta cuando te diviertes con amigos y tienes unas canciones que, cuando vuelves a escucharlas, es como si volvieras a aquel lugar, a aquel momento, a esas sensaciones. Es una de las cosas más maravillosas que tiene la música: te hace viajar en el tiempo.

Pero no nos desviemos. Taburete, en dos años, ha pasado de tocar en locales pequeños a llenar el Palacio de los Deportes de Madrid. Toda una hazaña. Su último disco, Dr. Charas, fue presentado por todo lo alto el pasado 16 de marzo ante más de 15.000 personas. Un concierto que duró cerca de dos horas y media y en el que pudimos comprobar de primera mano la fiesta, el buen hacer y las ganas de tocar que tienen estos chicos sobre el escenario.

Una cita con el Dr. Charas 

 

La hora en consulta era a las 21:00 de la noche. El Palacio iba llenándose poco a poco. Miles de jóvenes y no tan jóvenes iban calentado sus gargantas para acompañar a la banda durante el concierto. Con todo listo y el mítico retraso de salida, Willy Bárcenas saltaba al escenario con una sonrisa de oreja a oreja que delataba toda la ilusión y el agradecimiento de estar subido en ese escenario: el del Palacio de los Deportes.

Sonaban los primeros acordes y nos transportábamos a México D.F. Un viaje de ida y vuelta por el que brindamos y bailamos todos los allí presentes. La fiesta había empezado.

Una a una fueron sucediéndose las canciones. Rey de contrabando, era cantada al unísono. Al Alba brindamos con Walter Palmeras, porque por una noche todos fuimos los Amos del piano bar. Así nos sentíamos todos los allí presentes. Y es que viajar a Kaiserlauten nos sienta muy bien.

Ella era bailada hasta la extenuación, Sirenas se caló en nuestra piel hasta dejar huella, como un recuerdo inolvidable. Ellos, los Hijos del Soul reconquistando Madrid. Si alguna vez fue perdida.

El concierto avanzaba a ritmo de ranchera. Taburete destapaba el tarro de las esencias para delicia del respetable. Y es que llegaba El Fin, y con el una explosión de emociones encontradas: las de Taburete con su público. Un amor al que le queda mucho por hacer. O no. Porque después de haber llenado el Palacio de los Deportes, ¿dónde está el límite? El tiempo dirá. De momento el viaje del Dr. Charas acaba de empezar y parece que la lista de espera es bastante amplia. Sin duda un muy buen diagnóstico para el grupo de Willy Bárcenas.

¡Qué siga la Joda, cabrones!