La noche que escuché a Jay Malinowski

La noche que escuché por primera vez a Jay Malinowski fue un sábado 14 de octubre de 2015. La culpable de esto fue de Asídesastre, mi querida Ana. Fue a través de su twitter. Siempre me gusta descubrir nuevos artistas y tener la oportunidad de escucharlos en directo. Ana nunca me defrauda.

Jay vino a cerrar su gira The Deadcoast en Madrid, concretamente en Wurlitzer. Allí nos juntamos unos cuantos locos, la mayoría de nosotros probablemente no sabíamos lo que allí viviríamos, como bien escribió Ana es su web www.asidesatre.com. Creo que nos dejamos engañar por su pasión, y una vez más acertamos.

Comenzó el concierto y Jay nos deslumbró con el ritmo tan armónico y acompasado de su guitarra. También estaba con él Elliot Vaughan quién hizo las delicias con su violín y nos enamoró allí mismo.

Fue una noche bonita. Creo que hablo por todos cuando digo que nos fuimos de la sala Wurlitzer muy contentos con lo que allí habíamos escuchado. La música de Jay llegó para quedarse en mi reproductor.

Os dejo su disco Bright Lights & Bruises para que lo escuchéis  "Disco de la semana". →

 


Así suena el Café Libertad

A día de hoy ¿quién no conoce a Zahara, Mikel Izal o Andrés Suárez? Si tienes un poco de gusto musical habrás oído hablar de ellos y probablemente te fascinan sus canciones y sus letras. El éxito les rodea ahora pero hace un tiempo no les conocía ni Perry. Es así. Tocaban en garitos de mala muerte, antros que se caen a cachos y todo eso. Vamos, que sólo iban a verles sus amigos.

Pues bien, os cuento esto porque el otro día me deje caer por el Café Libertad de Madrid. Fui allí con mi amigo Felipe. Yo sabía que allí se daban conciertos pero no había ido nunca hasta el pasado sábado. La verdad es que ese maldito garito no tiene nada en especial. Entras y tienes un pasillo ancho con la barra del bar a la izquierda y al otro lado lo típico, taburetes y mesas cutres. Al final del pasillo se ve como una especia de puerta, digo especie porque creo recordar que no había puerta. El caso es que detrás de esa especie de puerta está la “sala de conciertos”, por llamarlo de alguna forma. La parades de ese sitio parece que se te van a caer encima. Está ya bastante machacado, se le nota viejo y cansado, quizá eso hace que tocar en Libertad sea especial.

Pues bien, allí llegamos Felipe y yo sin saber siquiera lo que íbamos a vivir dos horas más tarde.

Empezamos la noche como se deben empezar las noches de sábado, a doble de cerveza. Una vez que ya nos habíamos asentado, nos pusimos en primera fila. Yo quería escuchar bien el concierto. A Felipe aquello le importaba menos. Creo. Los amigos y familiares iban llegando. La sala se iba llenando poco a poco.

A las diez y pocos minutos salieron al escenario Esther Zecco y Edu Vázquez, dos músicos que probablemente ni conozcas. Salieron con sus guitarras a exponerse. A entregarse. A darse a la música. La verdad es que mola encontrar a gente tan entregada a una causa y que encima se les ve que disfrutan. Probablemente Zecco y Vázquez no vayan este año al San San Festival o al Les Arts, pero a ellos les da igual. Seguirán haciendo canciones y seguirán tocando en garitos pequeños, porque eso es lo que les da la vida. Pero Esther y Edu no eran los únicos artistas que allí había. Por lo menos había como siete artistas más en aquella maldita sala.

Felipe y yo seguíamos a lo nuestro. Por lo menos cayeron dos cervezas más y dos whiskys por mi parte y dos gintonic por la suya. No dejaba de ser sábado y había que entrar en sintonía con aquel sitio. Además, me gusta beber mientras escucho música.

Acabó el concierto. Edu y Esther lo habían conseguido. Nos habían cautivado con sus letras y con sus ritmos. No quisimos irnos sin saludar a los artistas y tomarnos una ultima copa con ellos. Jo, la verdad es que nos liamos bastante.

Que os voy a contar. Nos quedamos comentando la jugada y hablando de música. Por supuesto no faltaba la botella de vino. También estaban con nosotros Nadia Álvarez, que en un momento del concierto se subió al escenario y derramo arte por todos lados. No quiero olvidarme tampoco de Lucía y Alejandro, más tarde conocería el talento que escondían.

Nos dieron casi las tres cuando estábamos comentado de coger las guitarras y ponernos a tocar en aquel antro. Pero parecía que al jefe no le hacía mucha gracia así que surgió un plan, nos fuimos a casa de Zecco a seguir con aquella batalla musical.

Salimos de Café Libertad y todo el agua del mundo se nos caía encima. Aquella noche de carnaval se había convertido en la noche del diluvio universal. Llevaba ya cuatro horas lloviendo. Conseguimos subirnos a un taxi y nos largamos de aquel garito.

Llegamos al pequeño pero recogido piso de Zecco. Estábamos allí sentados, bebiendo y tocando. Compartiendo canciones. Alejandro se arranco y cuando empezó a cantar me quede enganchado. Jo, qué voz, se notaba que cantaba desde el alma. Allí todos eran músicos y yo era el acoplado, pero me lo pasé pipa.

Ya había pasado la hora en la que abren el metro y era el momento para irse a dormir algo. Al menos un par de horas. Salí de aquel piso feliz. La música me había regalado una noche mágica. Y no sólo eso, Edu me regalo su disco “Doce maneras de escapar descalzo”. Me cago en la leche, Edu, estoy enganchado.

Quiero que conozcáis a Zecco y Vázquez y por eso voy a quedar con ellos para hacerles una entrevista y que nos cuenten de primera mano cómo viven ellos la música, el trabajo que hay en un disco, las dificultades que te vas encontrando, ese tipo de cosas que creo son importantes y que muchas veces los que escuchamos canciones pasamos por alto, algo que es normal en cierto modo.

Estad atentos para no perderos nada y si vivís en Madrid apuntaros esta fecha, 29 de febrero. Ese día Nadia toca en el Café Libertad y yo pienso ir. Espero no liarme tanto porque el martes hay que trabajar…


Otro incendio de Quique González

Todo comenzó con Quique González. Lo sabéis de sobra. Fue nuestra primera ilustración. Hoy ha vuelto a salvarnos el culo. A darnos alas, a hacernos caer en sus mezclas guitarra-piano contrastadas con esa voz cargada de humo y guerra. “Se estrechan en el corazón” es la canción elegida para ser el primer single del disco “Me mata si me necesitas”, el primer trabajo que publica con Los Detectives y que saldrá a la venta el próximo 4 de marzo.

Después de un concierto de la última gira, en Verdicio (Asturias), Quique empezó a componerla. Estuvo un par de días barruntando un tema que le gustaba en especial. Coqueteaba con la melodía y encontró el primer verso: “Se estrechan en el corazón…”. Y siguió con el resto de la letra, fluido, como si fuera fácil rematarnos el corazón tan pronto. Es la segunda canción que escribió de este disco, lo que augura un gran trabajo de la banda.

Quique presenta su canción

El propio González ha querido contarlo en primera persona: “Después del concierto, me quedé un par de días con la furgoneta por allí jugando con la melodía y buscando el primer verso. Después de tener “Se estrechan en el corazón” ya tenía el motivo y el título, y el resto de la letra surgió más fluido. Fuimos a Valencia y se la enseñé a los músicos de mi banda y acabamos tocándola en el camerino unas cuantas veces entre la prueba y el show, tratando de hacer coros hippies en la onda de CSN&Y. Supongo que ahí empezaba a tener clara la idea de grabar el disco con Los Detectives. Ya tenía otra canción escrita pero “Se estrechan en el corazón” fue la que encendió la chispa del disco”.

Ahora ya podemos escucharla: sin perder la sensibilidad que caracteriza al cantautor cántabro de casi 43 años, su letra expresa duda. Una duda que acabará, lo más probable, en caos, en incendio, en golpes. En momentos de una vida elegida sin ilusión, sin emoción, sin pasión, porque hay cosas en ella que la rompen y hacen que salte en pedazos. Aun así, Quique deja ápices de aliento y de luz en su música, bien tratada y cuidada por Los Detectives.

Un contraste, como ya hemos dado a entender, creado por la belleza de los instrumentos y de unos coros que acompañan a un entregado y expuesto Quique González, cuyas letras casi siempre lo muestran derrotado, pendiendo del hilo que tejen los acordes de su alentadora melodía.