El sol y el buen tiempo han llegado a la capital. El miércoles pasado, uno a uno fuimos llegando al número 11 de la calle Barceló de Madrid, aunque esta vez no estábamos morenos, pero si habían crescut més d’un pam. Mientras escuchábamos sus aventuras de países lejanos fuimos tirando hacia la Sala Ocho y Medio. Que llegara el 29 de marzo nos costó tanto o más como trepar por la espalda de la chica de Aniversari, pero desde luego escuchar la percusión que daba paso a Les Cosines hizo que la serotonina que desprendimos fuera grandilocuente. Un segon, dos segons, tres, quatre… i cinc.

Entró en el escenario l’home amb el nas gros, acompañado de su banda y con una aparente tranquilidad -pero sin traje- empezaron a tocar algunos de los temas principales de Jo Competeixo. Estas canciones, que siguen deleitando al público con las historias metafóricas, no importaron estar en catalán, pues la música tiene un lenguaje universal. Así es que Les Cosines fue la luz verde, seguida de otras como BBVA. Empezaron a sembrar la adrenalina de estar en la Sala Ocho y Medio Club.

La sala estaba abarrotada de gente. Se creó enseguida un ambiente familiar, en la que los que veranean en Salou y los catalanes que vivimos en Madrid compartimos uno de los mejores momentos de 2017. Tuvimos que pensar que íbamos a sacrificar a canvi para estar allí.

Durante el concierto tuve al lado a mi amiga Teresa, que curiosamente fue quién me dio a conocer Teresa Rampell -gracias- pero la sangre catalana y el disfrute de poder pronunciar el català amb un accent ben marcat hizo que gozáramos todavía más. Guillem, ¡qué letras! ¡Entre las luces apagándose y volviendo el público exclamaba que “m’agraden les vostres festes, m’agrada el vostre estil”! Fue bastante espectacular que tratándose de otro idioma el público cantara a una sola voz vuestras canciones.

Desde mi posición, a la derecha del escenario, con vistes privilegiades, sintiendo l’eternitat al nostre davant. Dos amigos, de origen madrileño, deseaban impacientes cantar “las típicas”, los “grandes hits”: Boomerang, Sabotatge, Serotonina. Sí, se las habían estudiado. Cruzaban miradas esperando a que se iluminaran la sala, y al final entre esos arreglos electrónicos incorporados en las nuevas melodías de Manel la sala estalló con bailoteos, subiendo la fiebre, la pedra de la bogeria había brotado. Pablo y Natuca se decían “soy tuyo, tú eres mío, no te escaparás”. Teresa seguía sonriendo, sin entender la letra, aquellas notas la habían cautivado y disfrutaba. ¡Pujava la serotonina! Aburrido de ese espectáculo vino Jordi, que era mayor, y nos dijo que nos echáramos atrás, “deixeu-me un tir colla de matats”. Enfocó con càmares de retratar, y una voz comentó por detrás “què bé que están”. Desde luego pudo capturar con éxito el momento. Lo mejor del concierto fue poder grabarle a mi madre Ai, Dolors, pues así es como se llama. Ya le había dicho que iría más tarde a Girona, cap al tard… Pero se lo grabé por si acaso. ¡Sostenía el dedo en el botón de audio para poder registrar cada chá, chá, chá! Y, sin embargo, Natuca y Pablo fueron llevados per la pedra de la bogeria de nuevo: los gritos de serotonina que soltaron marcaron un cierre en alto, un clímax inesperado, en esa nota de audio. Estuve a punto de decirles que sou massa joves per tenir res massa clar, pero no es así. Recordaremos con mucho cariño ese concierto, en el que tuvimos que abrirnos paso hasta el escenario, pero prometemos que mereció la pena.

Llevo escuchando conciertos de Manel desde 2010, cuando todavía tocaban gratis en playas de la costa catalana, pero pagaría el precio que fuera por volver a un 29 de marzo como ese.

@grupmanel anoche presentando su último disco, Jo Competeixo. ??????

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