Bienvenida a casa, pequeña gran revolución

Ya hay una fecha que marcará para mí el año 2016, y no, no es la del lanzamiento de un disco o la celebración de un festival. Es algo mucho más grande. Se trata de la llegada a este mundo de Loretito, mi pequeña gran revolución. ¿El día?, dos de noviembre.

Es increíble la felicidad y la emoción que puede transmitirte algo tan pequeño. Apenas lleva dos día aquí y ya nos tiene a todos con el corazón latiendo a mil por hora. Ella es alegría, felicidad, fuerte, pequeña pero gigante, es levantarte y comerte el mundo, o a ella, que también podría darse. Es un acústico perfecto, un concierto de emociones, es esa canción de Izal, Pequeña Gran Revolución, porque ahora y más que nunca, esta canción cobra sentido. ¡Bienvenida a casa!

Izal encabeza la duodécima edición del B-Side Festival de Molina de Segura

Texto: José Antonio Gil.

El grupo madrileño liderará el B-Side Festival que se celebra este sábado 10 de septiembre en la localidad murciana de Molina de Segura. El festival cumple doce ediciones en las que han pasado prácticamente la totalidad de las mejores bandas independientes del panorama musical español. Desde Lori Meyers hasta Love of Lesbian, pasando por Fangoria. Así, tras el trabajo de muchos años, ha logrado convertirse en una de las citas obligadas del final del verano, más bien de septiembre. En esta ocasión, aumentará el número de personas que acudan desde otras ciudades. Ya no solo Murcia y localidades cercanas, de las cuales se ha habilitado un autobús para facilitar el acceso, también desde varios puntos de la comunidad y de las vecinas como Valencia, Andalucía y Castilla-La Mancha.

No es para menos. El cartel de esta edición se presenta más fuerte que nunca, con los mejores grupos independientes del momento. Izal no necesita presentación tras su exitoso verano con la presentación de su último trabajo “Copacabana”. Los madrileños han triunfado en toda España, en cada uno de los festivales y manteniéndose semana tras semana en las listas de discos más vendidos. Y es que esta banda tiene algo especial, diferente. No sabemos si su manera de tratar al público, la forma de entenderlo y saber darle lo mejor de ellos, o si sus canciones son una huella totalmente imborrable para ellos. Por ello, el sábado no faltarán temas como “El Baile”, “La mujer de verde” y “Qué bien”, entre una infinidad de éxitos.

Por su parte, los que acompañarán a Izal serán Fuel Fandango, que combina a la perfección el rock con las raíces andaluzas. Así es como lo podemos observar en su último trabajo “Aurora” que hará vibrar a los miles de seguidores que se reúnan el sábado en Molina de Segura. Mientras, completarán el cartel Perro y Viva Suecia, nacidos en Murcia, y que harán las delicias del público local que les ha seguido desde sus inicios en el mundo de la música. Por último, también habrá lugar para un grupo rompedor en el panorama internacional como es Talisco, que ha triunfado dentro del rock francés y quiere abrirse a otros países, principalmente a España, y poder adquirir nuevos fans.

Todo ello estará acompañado de mucho ambiente en la localidad murciana durante los días previos. Durante el viernes tendrá lugar el Pre B-Side Festival que este año contará con la actuación de uno de los grupos de moda en este verano, Miss Caffeina. La banda presentará su trabajo recién horneado como es “Detroit”. Con esto, harán saltar a los vecinos de la localidad con el éxito “Mira como vuelo” pero tampoco se olvidarán de temas como “Mi rutina preferida”, “Carrusel” y “Modo avión” entre otros tantos.

Copacabana, el último disco de Izal que es Arte Moderno

¿Dónde reside el éxito de Izal?

Fue en el año 2010 cuando oímos por primer vez canciones como “Sueños Lentos, Aviones Veloces”, “Eco” o “Cara de Poker”. Canciones que forman parte del primer álbum sencillo de Izal y que ahora también forman parte de nuestras vidas. Algunas más que otras. Pero probablemente lo que no sabían Alejandro Jordá, Alberto Pérez, Emanuel “Gato”, Ivan Mella y el propio Mikel Izal, es que aquel disco les iba a teletransportar a la playa de Copacabana. O a tener un disco de oro.

El viaje que han tenido estos chicos no ha sido fácil. O sí. En seis años han publicado ya cuatro discos, Teletransporte (2010), Magia & Efectos Especiales (2012), Agujeros de Gusano (2013) y Copacabana (2015). Han recorrido toda la geografía española dejando en cada ciudad que pisaban emociones y sentimientos muy arraigados a sus letras, a sus ritmos. Se han dejado ver por Londres e incluso Berlín. Han llegado a cruzar el charco para dejar huella en los corazones latinoamericanos. Pero, ¿Cual es la fórmula del éxito? Cada vez que voy a un concierto de estos chicos estoy rodeado de 20.000 almas, que, como yo, podrían quedarse a vivir en un concierto de Izal. Y, joder, no me canso de verlos en directo.

Mikel-Izal-CopacabanaNo sé con exactitud dónde reside el triunfo de estos muchachos. Quizás resida en cada uno de ellos. En saber interpretar bien el momento en el que se encuentran y así dar lo piden las circunstancias. Acertar. Dar en el blanco. Joder, hacer dos disco con Crowdfunding y acertar de esa manera es una jodida locura. Por eso estas palabras son para ti, que bailas y disfrutas tanto como yo con este grupo. A ti te pregunto querido lector, ¿por qué gusta tanto Izal? Seguramente en tu cabeza conoces la respuesta pero, como yo, no encuentras las palabras adecuadas para contarlo. Y es que no se puede.

Ahora soñamos lento, viajamos en aviones veloces y nos destrozamos los tímpanos cada vez que nos enchufamos Copacabana en el móvil o en el ordenador de casa. Y ya no te digo cuando lo enchufas en el coche. Éste último trabajo de Izal ha sido un disparo certero a nuestros corazones. Nos ha salvado la vida ya tantas veces que se nos ha olvidado que hay un final. Un final del cual no queremos detalles. Si es que al final hay un final.

Alejandro-Jorda-CopacabanaCopabana es un himno a la vida. Al no querer conformarse. A soñar despierto y no rendirse. Es un disco para bailar. Para bailar mientras todo se derrumba. Porque no importa lo que digan. O lo que callen. Nos da igual. Es un disco que nos llena el alma, como los seres de Mikel Izal. Es el disco de la pequeña gran revolución. Es el de la piedra invisible y los tambores de guerra. Copacabana es Arte Moderno. Y aquí os digo; esta canción dejad de joderla en los conciertos. Tenéis que tocarla desde el principio hasta el final. Es una puta obra de arte.

Este álbum, el de Copacabana, es ese disco que siempre nos va a acompañar en cada viaje. El que no borraremos jamás de nuestra lista de éxitos. El que en cualquier momento te puedes poner porque no entiende de estaciones. Ese que agota la paciencia de las mujeres de verde.

¿Y dónde queda el techo de este disco? Probablemente no lo sepan ni ellos mismos. De momento dejemos que Copacabana siga rodando por las carreteras españolas. Esas carreteras que le van a llevar a Madrid como destino final para hacer un cierre por todo lo alto el próximo 25 de febrero en el WiZink Center (Agotado). Porque este álbum se lo merece. Ese día todos bailaremos hasta que todo acabe. Y será un final feliz. El final que este disco se merece.

Foto vía: https://3milsonidos.files.wordpress.com/2015/10/dsc_0139.jpg

Festivales: “En Órbita” aprueba el examen de su primera edición

Granada entera lo estaba esperando, y es que parece que los nazaríes no nos conformamos con tener uno de los festivales con más tirón de España. Nosotros siempre queremos más y, dándole vueltas y vueltas a la cabeza, por fin llegó la primera edición de En Órbita, un festival que comienza como todos: con ganas, fuerza y algunos desajustes de organización. Maga, Full, Izal, Niños Mutantes, Carlos Sadness, Dorian o Ángel Stanich esbozaban un cartel que se adivinaba demoledor.

La ubicación del concierto en la Plaza de Toros de Granada, junto con el sofocante calor de la tarde, nos hizo sudar más de lo que quisimos. Tampoco ayudó la salida a la escena de Carlos Sadness, que nos electrizó y nos hizo saltar por los aires. Tenía tan solo 45 minutos para actuar, pero le sobraron para poner a toda la plaza en pie. “Nunca pensé que disfrutaría así en un lugar que me repugna tanto”. Sus palabras trajeron consigo una tremenda ovación. Es curioso ver cómo, por unos segundos, pudimos manifestar nuestra repulsa a la tauromaquia dentro del mismo escenario donde esta tiene lugar.

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La gente iba llegando de todas partes de andalucía y comunidades aledañas para ver a sus grupos favoritos. También desde tierras sevillanas, de donde vinieron los chicos de Full y Maga. Del concierto de Full puedo concluir que se están ganando a pulso un hueco entre los grandes, ofreciendo en su directo una energía total que les da cierto aura de estrellas del Rock. Respecto a Maga, que con tantos años de carrera y una música tan profunda, la gente debería apreciarlos bastante más. Los vi tocar desde detrás del escenario, donde tuve una larga conversación con la dirección del Granada Sound, Arenal Sound y Viña Rock. El ambiente era de lo más familiar y pude entablar conversación con Juan Alberto de Niños Mutantes, Marc Gili de Dorian, Carlos Sadness, Miguel Rivera de Maga y Ángel Stanich. Cuando te dedicas al gremio de la canción desde abajo, como es mi caso, y de repente te encuentras entre todos estos artistas, hablando de música con ellos como si fueras uno más, te sientes diminuto y emocionado. Son personas a las que escuchas día a día y, de una oportunidad así, buscas sacar el máximo jugo, aprender todo lo que puedas de sus experiencias y ponerlo en práctica con la esperanza, siempre en el aire, de llegar a ser como ellos algún día.

Stanich encontró algunos problemas de sonido durante su actuación, pero fue uno de los grandes artistas de la tarde. Hablamos de su relación con Arizona Baby y del próximo concierto que dará por nuestras tierras en Septiembre, en el Granada Sound.

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Desde la grada de la zona VIP vi junto a mi chica a Niños Mutantes que no dejaron de incluir en su repertorio canciones como Hermana Mía, Náufragos o Errante.

Sorpresa para nosotros fue cuando al mirar a la izquierda vimos sentado al buen caballero de largo cabello. Sí, allí al lado estaba Carlos Sadness. Antes de que una horda de fans embravecidos se abalanzara sobre él, estuvimos bastante tranquilos cantando juntos los estribillos de los Mutantes.

Y al fin llegó Izal.

Todas mis palabras son siempre pocas para describir sus directos, porque en verdad son indescriptibles. Es una experiencia que hay que vivir: dejar que sus canciones te atraviesen el pecho, pisar los pies de toda la gente a tu alrededor saltando en Asuntos Delicados, cantar Magia y Efectos Especiales a centímetros de la boca de esa persona especial o engancharte a tus amigos y hacer coreografías estrambóticas en El Baile. Es todo color, todo pasión, todo música, que es lo importante.

Ya con el cuerpo cansado por todas las horas de movimiento, volvimos al graderío para ver a Dorian. Y fue precioso contemplar los juegos de los efectos de luces, las personas saltando con los estribillos fáciles…

Cerramos la noche en un karaoke, para rematar la faena. El festival en sí fue inolvidable, más allá de los (pocos) problemas de organización.

Esperemos que el año que viene podamos asistir a una segunda edición y que Granada siga creciendo en esta dirección porque ya se empieza a oler la llegada de una nueva época de bonanza para la música en esta ciudad. Y hacía mucha falta.

NOTA: NOTABLE 7/10

Foto portada vía: EnOrbita vía: J.M.Grimaldi.Fotografo

Supersubmarina, furia desencadenada sobre el escenario

El 20 de mayo de 2016 es una fecha que quedará grabada en las memorias de todas las personas que asistimos al Barclaycard Center. Una noche en la que Supersubmarina cerraba ciclo, el de Viento de Cara. Dos años han pasado ya desde que se publicara este álbum y han sido muchas las ciudades que han acogido y disfrutado de la calidad y el carisma de los chicos de Baeza.

Y es que todos estábamos citados a no perdernos esta fiesta. Digo fin de ciclo porque el propio Chino así lo anunció al acabar el concierto. “Ahora empieza para nosotros una nueva etapa que además viene acompañada de un nuevo disco bajo el brazo”, comentó con ese acento tan carismático que le caracteriza. Qué ganas tenemos ya.

Supersubmarina tiene el don de hacer que todo parezca fácil. Un grupo que siempre ha ido paso a paso, aprendiendo cada día y que se ha llevado golpes de todos los colores, tiene mucho que contar. Y lo cuentan con canciones. Canciones que no tienen miedo y lo cuentan todo, canciones que saltan al vacío sin previo aviso. Canciones que te trasladan a otros universos, como ocurrió anoche con LN Granada. Justo en ese momento mi alma estaba flotando en mitad de aquella pista rodeado de gente que gritaba y cantaba la letra al unísono. Para mi no existía nada más que esa conexión con la canción, su melodía, su letra. Atravesé el techo del Palacio y miré de frente al cielo de Madrid, su luna y sus estrellas me acompañaban. El resto no existía. Eramos la canción y yo. Ni si quiera la voz de Mikel Izal pudo hacerle sombra.

Sí, amigos. Izal no quiso perderse la fiesta. Pero tampoco quiso perdérsela nuestra queridísima Zahara, que puso su voz al servicio de la canción. Ni os imagináis lo bonito que fue escuchar De Las Dudas Infinitas saliendo por su garganta. Yo ya hace tiempo que me rendí a su voz.

Con todo esto y un Palacio de los Deportes casi lleno, apenas unas butacas libres en los laterales, todos vibramos y disfrutamos de una noche única. Saltamos, bailamos y cantamos con la banda. Chino sabía que era su noche y así se lo hizo saber al público de Madrid. Lo hizo con Hogueras, y es que un nuevo baile ha llegado a la ciudad. Tres sencillos pasos que hicieron temblar el Barclaycard Center. Porque a falta de esos besos que no nos estamos dando, pues mejor bailamos.

Anoche pudimos sentir de primera mano la furia que desencadenan estos chicos en el escenario. Ellos al sístole y diástole como una bomba, enviando todas esas sensaciones al público como una máquina perfecta. ¡Bravo!

Foto vía: http://www.festinfo.es/

Septiembre es Granada Sound

Recuerdo que días antes vendí algunas de las cosas que ya no utilizaba para asistir al Granada Sound bien nutrido de dinero. Porque, sí, un estudiante de 16 lo tiene chungo para poder costearse dos días de festival por todo lo alto. El curso había empezado pero el verano no acababa; Lo podías notar en el sol que calentaba tus dos litros de Desperados, convirtiéndola en estofado en pocos minutos.

Era mi primera toma de contacto con el indie en directo; La primera vez que pisaba un festival. Como quien veía a Dios vi salir a Zahara al escenario. Estelar, con su camiseta de Jurassic Park. Me agarré bien a las vallas de una primera fila que ya no abandonaría hasta que Mikel dijo adiós, unas 8 horas después. Mis amigos me abastecían de Mojitos de Negrita mientras yo saltaba con la Santa. Semanas después pude ver como las cámaras se cebaron con mi careto de emoción en todas las reseñas del festival. A mi lado estaba Javi, un chico súper agradable que me aguantó durante todo el concierto. Él fue el causante de la clave de sol que hoy llevo tatuada en la muñeca. Era increíble cómo podías sentir los versos de Zahara en vena: “Cuando acabó aquel letargo sin fin me quedé en agosto a vivir”. La verdad es que aquel fue un septiembre con complejo de agosto. Toda mi vida lo está siendo, desde entonces.

Algo después llegaron los chicos de Sidonie. Marc, Axel y Jess lo dieron todo ante aquellas 22.000 personas. Me entra vértigo sólo de pensar en tener que enfrentarme a una escena así. El momento estrella fue cuando Marc se lanzó (literalmente) a cantar Un día de mierda. A hombros de un miembro del staff, se metió entre la muchedumbre protagonizando una escena al más puro estilo The Walking Dead. Con todo el buen rollo que nos metieron en el cuerpo, aguantamos hasta divisar la barba más esperada de la noche. En Granada, más que nunca, soplaron Vientos de Norte. Fue la primera vez que sentí eso que la gente llama “orgasmo musical”. Me siento súper afortunado de haber sido desvirgado por Izal.

Erotismos aparte, el viernes duró lo que duran dos setlists usados en la mano de un pipa. A la mañana siguiente no era yo, era un zombie. Un zombie que se moría de ganas por escuchar a Supersubmarina. Nos levantamos como pudimos y a las 5 ya estábamos bebiendo estofado una vez más. La banda sonora, inmejorable: un Carlos Sadness que nos cantaba temas de la talla de Bikini o Miss Honolulu (lo que por otra parte a nosotros nos parecía una broma macabra ya que hacía menos de 7 días que habíamos dicho adiós al verano).

De la mano de la que era mi chica, Judith, descubrí a La Habitación Roja y lo flipé tan fuerte que no pude dejar de escucharlos en bucle durante los siguientes días. “Estaba perdido en un mar de dudas y tan superado por todos los lados…” Supersubmarina no tardó en llegar. El clímax. Entre el público, yo era una fangirl más de Chino.

—¿Me levantas a hombros en la siguiente canción?
—¡Claro!

En cuanto alcé a Judith sonaron las primeras notas de De las Dudas Infinitas. Sobre mis hombros, ella encendía mi mechero y lo elevaba al cielo estrellado de aquella noche, que quedó grabada en mi retina fotograma a fotograma. El concierto cerró con LN Granada y unos fuegos artificiales gigantescos que los de primera fila no alcanzamos a ver. 
Por una noche, Graná fue de aquellos jienenses. Y nuestra.

No esperé a The Kooks. Terminó el festival y con él el verano de los Sweet Sixteen. Y mi relación con Judith. Una parte de mí se quedó allí anclada para siempre y aún no sé cómo recuperarla exactamente. Sólo vuelve, como un Deja Vu, cada vez que tengo la oportunidad de saltar en otro concierto, de gritar letras que se vuelven mías por unos segundos aunque detrás de ellas existan historias muy distintas a las de tan egocéntrico servidor. Inevitablemente, sea en la mejor sala del mundo o en cualquier garito de mala muerte, volveré a sentirme en la cima del mundo, levitando con los acordes de una buena canción. Melomanía lo llaman.

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Así suena el Café Libertad

A día de hoy ¿quién no conoce a Zahara, Mikel Izal o Andrés Suárez? Si tienes un poco de gusto musical habrás oído hablar de ellos y probablemente te fascinan sus canciones y sus letras. El éxito les rodea ahora pero hace un tiempo no les conocía ni Perry. Es así. Tocaban en garitos de mala muerte, antros que se caen a cachos y todo eso. Vamos, que sólo iban a verles sus amigos.

Pues bien, os cuento esto porque el otro día me deje caer por el Café Libertad de Madrid. Fui allí con mi amigo Felipe. Yo sabía que allí se daban conciertos pero no había ido nunca hasta el pasado sábado. La verdad es que ese maldito garito no tiene nada en especial. Entras y tienes un pasillo ancho con la barra del bar a la izquierda y al otro lado lo típico, taburetes y mesas cutres. Al final del pasillo se ve como una especia de puerta, digo especie porque creo recordar que no había puerta. El caso es que detrás de esa especie de puerta está la “sala de conciertos”, por llamarlo de alguna forma. La parades de ese sitio parece que se te van a caer encima. Está ya bastante machacado, se le nota viejo y cansado, quizá eso hace que tocar en Libertad sea especial.

Pues bien, allí llegamos Felipe y yo sin saber siquiera lo que íbamos a vivir dos horas más tarde.

Empezamos la noche como se deben empezar las noches de sábado, a doble de cerveza. Una vez que ya nos habíamos asentado, nos pusimos en primera fila. Yo quería escuchar bien el concierto. A Felipe aquello le importaba menos. Creo. Los amigos y familiares iban llegando. La sala se iba llenando poco a poco.

A las diez y pocos minutos salieron al escenario Esther Zecco y Edu Vázquez, dos músicos que probablemente ni conozcas. Salieron con sus guitarras a exponerse. A entregarse. A darse a la música. La verdad es que mola encontrar a gente tan entregada a una causa y que encima se les ve que disfrutan. Probablemente Zecco y Vázquez no vayan este año al San San Festival o al Les Arts, pero a ellos les da igual. Seguirán haciendo canciones y seguirán tocando en garitos pequeños, porque eso es lo que les da la vida. Pero Esther y Edu no eran los únicos artistas que allí había. Por lo menos había como siete artistas más en aquella maldita sala.

Felipe y yo seguíamos a lo nuestro. Por lo menos cayeron dos cervezas más y dos whiskys por mi parte y dos gintonic por la suya. No dejaba de ser sábado y había que entrar en sintonía con aquel sitio. Además, me gusta beber mientras escucho música.

Acabó el concierto. Edu y Esther lo habían conseguido. Nos habían cautivado con sus letras y con sus ritmos. No quisimos irnos sin saludar a los artistas y tomarnos una ultima copa con ellos. Jo, la verdad es que nos liamos bastante.

Que os voy a contar. Nos quedamos comentando la jugada y hablando de música. Por supuesto no faltaba la botella de vino. También estaban con nosotros Nadia Álvarez, que en un momento del concierto se subió al escenario y derramo arte por todos lados. No quiero olvidarme tampoco de Lucía y Alejandro, más tarde conocería el talento que escondían.

Nos dieron casi las tres cuando estábamos comentado de coger las guitarras y ponernos a tocar en aquel antro. Pero parecía que al jefe no le hacía mucha gracia así que surgió un plan, nos fuimos a casa de Zecco a seguir con aquella batalla musical.

Salimos de Café Libertad y todo el agua del mundo se nos caía encima. Aquella noche de carnaval se había convertido en la noche del diluvio universal. Llevaba ya cuatro horas lloviendo. Conseguimos subirnos a un taxi y nos largamos de aquel garito.

Llegamos al pequeño pero recogido piso de Zecco. Estábamos allí sentados, bebiendo y tocando. Compartiendo canciones. Alejandro se arranco y cuando empezó a cantar me quede enganchado. Jo, qué voz, se notaba que cantaba desde el alma. Allí todos eran músicos y yo era el acoplado, pero me lo pasé pipa.

Ya había pasado la hora en la que abren el metro y era el momento para irse a dormir algo. Al menos un par de horas. Salí de aquel piso feliz. La música me había regalado una noche mágica. Y no sólo eso, Edu me regalo su disco “Doce maneras de escapar descalzo”. Me cago en la leche, Edu, estoy enganchado.

Quiero que conozcáis a Zecco y Vázquez y por eso voy a quedar con ellos para hacerles una entrevista y que nos cuenten de primera mano cómo viven ellos la música, el trabajo que hay en un disco, las dificultades que te vas encontrando, ese tipo de cosas que creo son importantes y que muchas veces los que escuchamos canciones pasamos por alto, algo que es normal en cierto modo.

Estad atentos para no perderos nada y si vivís en Madrid apuntaros esta fecha, 29 de febrero. Ese día Nadia toca en el Café Libertad y yo pienso ir. Espero no liarme tanto porque el martes hay que trabajar…

¿Por qué volver al Festival de Les Arts?

Es viernes, 5 de junio de 2015, son las ocho de la tarde y el sol empieza a caer en picado encima de Valencia. En la famosa Ciudad de las Artes y las Ciencias, las gafas de sol y de rock van dejando el sitio a los focos que alumbran a los artistas que, dicho sea de paso, actúan sorprendidos ante la muchedumbre que llena las explanadas. No se esperaban 22.000 almas bailando al son de sus melodías.

En ese mismo instante, Dorian arañaba unos minutos al horario, acabando su “A cualquier otra parte” con más ganas que nunca, porque un público entregado había decidido acompañarles en ese y en los anteriores y cuidados temas que modelan su repertorio. Ya habían tocado, entre otros, La Bien Querida y León Benavente, quien sudó hasta la rabia por darlo todo en un ambiente hasta ahora inédito para la música.

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Porque la música es arte y el lugar en que estábamos lo requería.

Después, Second dribló, alucinó –también– y se fue a casa intentando darse cuenta de dónde había estado. Llegó el turno de Supersubmarina. Los de Baeza brillaron en una noche que recuerdan como la que no iba a ser y al final fue un jodido “sístole diástole como una bomba a punto de reventar” en el interior de toda esa gente que saltó en cada nota de sus canciones.

Los relojes marcaban las 23:50 y –no se supo por qué– se hizo el silencio. En diez segundos estaría sonando “Enemigo yo”. Como un sexto sentido, le gente lo sabía. Había quien miraba hacia arriba y quien alrededor. El precioso armamento de los monumentos que rodean la Ciudad de las Artes gobernaba el Festival de Les Arts. “Es la primera edición y mira la que han liado”, pensaban algunos. Y empezó: “Penetrando en mi conocimiento, enturbiando los pocos recuerdos que tengo…”.

Ahora se entendía todo. ¿Qué querían los jóvenes –y no tan jóvenes– para el mes de junio? Sí. Era esto. Porque “para que sea distinto, nos tendremos que mirar y decirnos las verdades como nunca fueron tal”. Y unirse. Unirse en una voz contra el aburrimiento del mundo. Y cantar todos juntos. Pero en un lugar diferente.

Lo mejor era que aún quedaba un día entero de festival, con otros artistas a la altura de los anteriores. Jero Romero, Carlos Sadness, La Habitación Roja… Qué os voy a contar: sensibilidad y calidad en forma de música. Con el sol en plena espalda, IZAL rugió “La mujer de verde” y otras perlas acompañados del mundo entero. Porque los que allí estábamos creíamos que no había más Tierra que aquel asfalto sobre el que bailábamos. Nos mudamos al Cielo por un rato.

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Lo de Lori Meyers y, posteriormente, The Wombats fue otro cantar, nunca mejor dicho. Los granadinos empezaron pidiendo disculpas por interrumpir (Mi realidad) y acabaron manteados. Los de Liverpool impresionaron a los pocos que no sabían de su increíble show. Fueron 30 bandas las que llenaron los tres escenarios de arte. Y había más: el diseño, la ilustración, la moda o la gastronomía también estuvieron muy presentes completando un fin de semana épico en la ciudad ché.

Y aún hay quién se sigue preguntando por qué volver en junio al Festival de Les Arts.


Les Arts PRO 2015 por festivaldelesarts

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