Así vivimos la primera jornada del Festival Gigante 2016

Una palabra: fidelidad. Es la palabra que acompaña a los festivales. Somos fieles a este formato, que hace ya unos cuantos años se han afincado en nuestro país y lo ha hecho de una forma muy positiva. Y lo ha conseguido porque nos ofrece una gran variedad de conciertos a un precio muy asequible. Ha cambiado nuestra forma de organizar las vacaciones de verano. Ya no nos vamos quince días a la playa, o nos vamos dos semanas al pueblo. Eso se acabó hace tiempo. Ahora nuestro verano está marcado por la agenda festivalera. Pero ojo, no abuses de esto porque puede traerte consecuencias…

Te lo digo porque “todo gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Es difícil, por no decir imposible, que muchos artistas acaben coincidiendo en varios festivales. Ojo, no digo que sea malo, sino que es inevitable. De ahí que tengamos que tener cuidado a la hora de coger la maleta y marcar nuestro calendario de festis. Estoy cansado de escuchar cosas como “El concierto que dieron los Izal en el DCODE fue el mismo que dieron en Les Arts” o “Sadness está en todos los festivales”. Basta. El problema reside en ti y no en el festival ni en el artista. Deja reposar los conciertos. Deja que las canciones se vacíen en tu interior para volver a generar esa necesidad de volver a oírlas. De volver a llenarte. Entonces no tendrás problemas.

Dicho esto, te cuento cómo ha sido la primera jornada de la tercera edición del Festival Gigante, en Guadalajara, que para mí ha ganado puntos por apostar en la variedad musical.

Primera Jornada en el Gigante

Son las cinco de la tarde y el primer día del Festival Gigante está a punto de comenzar. Un sol abrasador abraza el Estadio Municipal Fuente de la Niña. En el escenario Coca-Cola, Gole Yaika, quienes ganaron el concurso de bandas emergentes organizado por Sandevid, empezaban su concierto con fuerza. Auténticos valientes que dieron todo al poco pero exquisito público que se dejó caer por aquel escenario. A la misma hora, pero en el escenario Gigante, arrancaba el concierto de Kurt Baker, quien también supo cuidar del público que se escondía en las pocas sombras que dejaba nuestro querido amigo el sol.

Jacobo Serra estaba apuntado como uno de los artistas a seguir muy de cerca en este festival. Su bolo fue a las 17:45 en el escenario Supersubmarina. La única pega que le pongo es que tenía que haber tocado una hora más tarde. Más que nada porque no pudimos asistir al concierto completo y me tuve que conformar con los últimos diez minutos. Pero fue un auténtico placer para los oídos poder disfrutar del arte que derrocha el manchego. La gente se lo hizo saber al acabar.

Nunatak-Gigante-2016-Musica-Ilustrada

Estuvimos también en el concierto de Nunatak. Los murcianos disfrutaron muchísimo tocando y esa felicidad se la trasladaron al público. Su último disco “Nunatak y el Pulso Infinito” fue su mejor arma, junto a la firmeza con la que tocaban cada uno de los temas. Disco que desde aquí te animo a escuchar.

La tarde iba avanzado a ritmo de rock and roll y a las 20:30 horas llegaba el turno del pop-rock de Egon Soda. Fue entonces cuando se empezaba a respirar el ambiente que debe rodear a un festival. La gente dejaba sus guaridas y se adentraban en la música del grupo de Barcelona.

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Se apagaban las luces del escenario Gigante y a las 21:30 se encendían las del escenario Supersubmarina. La Habitación Roja hacía presencia en el Gigante. Lo hacían con su último trabajo “Sagrado Corazón” como estandarte. Aunque fueron canciones más míticas como “La moneda en el aire”, “Ayer” o “Indestructibles” las que hicieron las delicias del respetable.

Y entonces ocurrió. Zahara aterrizó como un ciclón en Guadalajara. Al comenzar, sorprendió con temas de La Fabulosa Historia de… y  de La Pareja Tóxica que nos recordaban la parte más dulce que una vez vimos en La Madre de Dragones. Ahora la niña ha crecido y se ha hecho fuerte. Se ha hecho fuerte con canciones que son auténtico fuego valyrio, canciones como “El deshielo”, “Caída libre”,  “Crash” o “La gracia”. También volvió a sonar “Te debo un baile”, tema que Zahara ya ha probado en más de una ocasión y que empieza a formar parte de su lista para hacernos disfrutar. Bailamos y cantamos hasta quedarnos sin voz.

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Acabado el espectáculo de Zahara, llegaba el turno de Sidonie. Lo hacían en el escenario Supersubmaria. Fueron muchas las palabras de amor y fuerza que se dedicaron durante todo el festival a Chino y los suyos. Marc supo cuidar, y muy bien, del público que pagó el abono para ver a los de Baeza. Es así. Supersubmarina encabezaba el cartel de esta tercera edición junto con Amaral y hay que agradecer mucho la disposición de Sidonie a tapar semejante vacío. Lo hicieron a lo grande, con canciones, con música. “El peor grupo del mundo” salió dispuesto a lavarnos las heridas, a cerrar las cicatrices producidas por aquel fatídico accidente sufrido por Supersubmarina. Desde aquí queremos mandarles todo nuestro cariño, amor y fuerza. La misma fuerza con la que Sidonie nos cantó canciones como “Por ti”, “Un día de mierda”, “En mi garganta”, “Carreteras infinitas” o “Costa azul”. Y cuando todo parecía llegar a su fin, Marc y los suyos aparecieron en compañía de los chicos de La Habitación Roja, con quienes se atreverían a homenajear a Supersubmaria versionando “Viento de cara”. Todos los allí presentes entrábamos en éxtasis. Y ya, para cerrar la fiesta de Sidonie fue “Estáis aquí” la canción que junto al confeti sorprendió a las primeras filas y dejó caras de auténtica felicidad en todos los presentes.

La noche avanzaba con paso firme. La gente abandona el escenario Suersubmarina para hacerse un hueco, literalmente, en el escenario Gigante, donde iba a dar comienzo el bolazo de La Gran Pegatina. Yo, que quise guardar fuerzas para La M.O.D.A, no quise meterme de lleno en aquella olla a presión. Fue el concierto más multitudinario de la jornada del viernes. Derrocharon todo su arte y su fuerza para dejar al público sin voz y sin fuerzas para continuar con la noche. Una auténtica fiesta.

A las 3 llegaba el turno de La M.O.D.A,  y con él, el último concierto del viernes. La pega fue que empezó cuarto de hora tarde por problemas en la mala gestión de algún que otro concierto, algo que no sentó bien al público del Gigante. Pero fue empezar el concierto, oír la voz de David Ruiz y todo eso pasó al olvido. Tocaba disfrutar de uno de los mejores directos del panorama musical. Los de Burgos saben cómo hacer que las canciones entren en el alma y se queden allí a vivir. Disfrutamos como niños cantando y bailando canciones como “Miles Davis”, “Nómadas”, “Los hijos de Johny Cash”, “Nubes negras” o “Hay un fuego”. Así que allí, en medio de una marabunta enloquecida, los valientes aguantábamos hasta el final.

Supersubmarina, furia desencadenada sobre el escenario

El 20 de mayo de 2016 es una fecha que quedará grabada en las memorias de todas las personas que asistimos al Barclaycard Center. Una noche en la que Supersubmarina cerraba ciclo, el de Viento de Cara. Dos años han pasado ya desde que se publicara este álbum y han sido muchas las ciudades que han acogido y disfrutado de la calidad y el carisma de los chicos de Baeza.

Y es que todos estábamos citados a no perdernos esta fiesta. Digo fin de ciclo porque el propio Chino así lo anunció al acabar el concierto. “Ahora empieza para nosotros una nueva etapa que además viene acompañada de un nuevo disco bajo el brazo”, comentó con ese acento tan carismático que le caracteriza. Qué ganas tenemos ya.

Supersubmarina tiene el don de hacer que todo parezca fácil. Un grupo que siempre ha ido paso a paso, aprendiendo cada día y que se ha llevado golpes de todos los colores, tiene mucho que contar. Y lo cuentan con canciones. Canciones que no tienen miedo y lo cuentan todo, canciones que saltan al vacío sin previo aviso. Canciones que te trasladan a otros universos, como ocurrió anoche con LN Granada. Justo en ese momento mi alma estaba flotando en mitad de aquella pista rodeado de gente que gritaba y cantaba la letra al unísono. Para mi no existía nada más que esa conexión con la canción, su melodía, su letra. Atravesé el techo del Palacio y miré de frente al cielo de Madrid, su luna y sus estrellas me acompañaban. El resto no existía. Eramos la canción y yo. Ni si quiera la voz de Mikel Izal pudo hacerle sombra.

Sí, amigos. Izal no quiso perderse la fiesta. Pero tampoco quiso perdérsela nuestra queridísima Zahara, que puso su voz al servicio de la canción. Ni os imagináis lo bonito que fue escuchar De Las Dudas Infinitas saliendo por su garganta. Yo ya hace tiempo que me rendí a su voz.

Con todo esto y un Palacio de los Deportes casi lleno, apenas unas butacas libres en los laterales, todos vibramos y disfrutamos de una noche única. Saltamos, bailamos y cantamos con la banda. Chino sabía que era su noche y así se lo hizo saber al público de Madrid. Lo hizo con Hogueras, y es que un nuevo baile ha llegado a la ciudad. Tres sencillos pasos que hicieron temblar el Barclaycard Center. Porque a falta de esos besos que no nos estamos dando, pues mejor bailamos.

Anoche pudimos sentir de primera mano la furia que desencadenan estos chicos en el escenario. Ellos al sístole y diástole como una bomba, enviando todas esas sensaciones al público como una máquina perfecta. ¡Bravo!

Foto vía: http://www.festinfo.es/

Supersubmarina: cómo regresar a los inicios

“Podría viajar a Graná con mi nave espacial…”
…Así lo hicieron de nuevo los chicos de Supersubmarina.

En una noche fría de principio de primavera, los de Baeza aterrizaron en la Sala Aliatar de la mano de Europa FM. La emisora, que está lanzando al público más diverso la canción “Algo que sirva como luz”, se ha decidido a acompañar a la banda durante su gira El Mañana, ofreciendo una serie de Showcases por las diversas ciudades en las que parará la furgoneta de Chino.

Y todo arrancó en tierra nazarí.

Los que estuvimos presentes fuimos partícipes de un formato de actuación que, como el vocalista dijo varias veces, es poco habitual en ellos. No sólo fue un concierto más pausado y familiar; también tuvimos la oportunidad de disfrutar de temas que ya apenas suenan en directo. Hablo de canciones como OCB, Ola de Calor o Emperatriz, cortes de los primeros LP de la banda, con el sonido más puro y menos comercial de Supersubmarina.

Comentó el frontman jienense (antes de arrancar con OCB) que fue al tocar esta canción cuando sintieron por primera vez que estaban haciendo algo grande.
Y vaya si lo estaban haciendo. A día de hoy, Chino, Pope, Juanca y Jaime se han consolidado como uno de los grandes conjuntos de la escena nacional, colgando ciudad tras ciudad el cartel de Sold Out.

Previamente a los bises incluso pudimos bailar con el estribillo de “Chas y aparezco a tu lado”, versión de la archiconocida canción de Christina Rosenvinge. Mi chica y yo nos abrazamos al escuchar los primeros acordes recordando, emocionados, las escenas de una de nuestras primeras citas que culminó en un karaoke perdido destrozando esta canción.

Es la magia de estos Showcases. Muchos de nosotros escribimos historias sobre letras que nunca llegamos a escuchar en directo. Buscando romper con esto, Europa FM y Supersubmarina plantean esta serie de actuaciones que definen el sentido más puro de la palabra exclusividad.

Sin embargo, no todo podían ser elogios y, como no, volvimos a presenciar las duras escenas que siempre dejan a su paso las restricciones de edad para entrar a salas de conciertos. El mínimo de edad establecido era de 18 años, lo que dejó a las puertas de la sala a muchos menores que, pese a su notable madurez, se veían bloqueados por los porteros y asfixiados por el peso de la ley. A pesar de que en Andalucía está permitido acceder a salas de conciertos a partir de los 17 años, muchas de ellas inventan sus propios derechos de admisión, colaborando a vetar el acceso a la cultura a los sectores más jóvenes de nuestra ciudadanía (por si no era poco el 21% de IVA cultural).

Si la gira “El Mañana” aún no ha dejado caer a Supersubmarina por tu ciudad y ya tienes tu entrada, puedes enviar una foto con ella y entrar así en el sorteo de un pase doble para los Showcases exclusivos que ofrece Europa FM.

Puedes participar aquí

Septiembre es Granada Sound

Recuerdo que días antes vendí algunas de las cosas que ya no utilizaba para asistir al Granada Sound bien nutrido de dinero. Porque, sí, un estudiante de 16 lo tiene chungo para poder costearse dos días de festival por todo lo alto. El curso había empezado pero el verano no acababa; Lo podías notar en el sol que calentaba tus dos litros de Desperados, convirtiéndola en estofado en pocos minutos.

Era mi primera toma de contacto con el indie en directo; La primera vez que pisaba un festival. Como quien veía a Dios vi salir a Zahara al escenario. Estelar, con su camiseta de Jurassic Park. Me agarré bien a las vallas de una primera fila que ya no abandonaría hasta que Mikel dijo adiós, unas 8 horas después. Mis amigos me abastecían de Mojitos de Negrita mientras yo saltaba con la Santa. Semanas después pude ver como las cámaras se cebaron con mi careto de emoción en todas las reseñas del festival. A mi lado estaba Javi, un chico súper agradable que me aguantó durante todo el concierto. Él fue el causante de la clave de sol que hoy llevo tatuada en la muñeca. Era increíble cómo podías sentir los versos de Zahara en vena: “Cuando acabó aquel letargo sin fin me quedé en agosto a vivir”. La verdad es que aquel fue un septiembre con complejo de agosto. Toda mi vida lo está siendo, desde entonces.

Algo después llegaron los chicos de Sidonie. Marc, Axel y Jess lo dieron todo ante aquellas 22.000 personas. Me entra vértigo sólo de pensar en tener que enfrentarme a una escena así. El momento estrella fue cuando Marc se lanzó (literalmente) a cantar Un día de mierda. A hombros de un miembro del staff, se metió entre la muchedumbre protagonizando una escena al más puro estilo The Walking Dead. Con todo el buen rollo que nos metieron en el cuerpo, aguantamos hasta divisar la barba más esperada de la noche. En Granada, más que nunca, soplaron Vientos de Norte. Fue la primera vez que sentí eso que la gente llama “orgasmo musical”. Me siento súper afortunado de haber sido desvirgado por Izal.

Erotismos aparte, el viernes duró lo que duran dos setlists usados en la mano de un pipa. A la mañana siguiente no era yo, era un zombie. Un zombie que se moría de ganas por escuchar a Supersubmarina. Nos levantamos como pudimos y a las 5 ya estábamos bebiendo estofado una vez más. La banda sonora, inmejorable: un Carlos Sadness que nos cantaba temas de la talla de Bikini o Miss Honolulu (lo que por otra parte a nosotros nos parecía una broma macabra ya que hacía menos de 7 días que habíamos dicho adiós al verano).

De la mano de la que era mi chica, Judith, descubrí a La Habitación Roja y lo flipé tan fuerte que no pude dejar de escucharlos en bucle durante los siguientes días. “Estaba perdido en un mar de dudas y tan superado por todos los lados…” Supersubmarina no tardó en llegar. El clímax. Entre el público, yo era una fangirl más de Chino.

—¿Me levantas a hombros en la siguiente canción?
—¡Claro!

En cuanto alcé a Judith sonaron las primeras notas de De las Dudas Infinitas. Sobre mis hombros, ella encendía mi mechero y lo elevaba al cielo estrellado de aquella noche, que quedó grabada en mi retina fotograma a fotograma. El concierto cerró con LN Granada y unos fuegos artificiales gigantescos que los de primera fila no alcanzamos a ver. 
Por una noche, Graná fue de aquellos jienenses. Y nuestra.

No esperé a The Kooks. Terminó el festival y con él el verano de los Sweet Sixteen. Y mi relación con Judith. Una parte de mí se quedó allí anclada para siempre y aún no sé cómo recuperarla exactamente. Sólo vuelve, como un Deja Vu, cada vez que tengo la oportunidad de saltar en otro concierto, de gritar letras que se vuelven mías por unos segundos aunque detrás de ellas existan historias muy distintas a las de tan egocéntrico servidor. Inevitablemente, sea en la mejor sala del mundo o en cualquier garito de mala muerte, volveré a sentirme en la cima del mundo, levitando con los acordes de una buena canción. Melomanía lo llaman.

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¿Por qué volver al Festival de Les Arts?

Es viernes, 5 de junio de 2015, son las ocho de la tarde y el sol empieza a caer en picado encima de Valencia. En la famosa Ciudad de las Artes y las Ciencias, las gafas de sol y de rock van dejando el sitio a los focos que alumbran a los artistas que, dicho sea de paso, actúan sorprendidos ante la muchedumbre que llena las explanadas. No se esperaban 22.000 almas bailando al son de sus melodías.

En ese mismo instante, Dorian arañaba unos minutos al horario, acabando su “A cualquier otra parte” con más ganas que nunca, porque un público entregado había decidido acompañarles en ese y en los anteriores y cuidados temas que modelan su repertorio. Ya habían tocado, entre otros, La Bien Querida y León Benavente, quien sudó hasta la rabia por darlo todo en un ambiente hasta ahora inédito para la música.

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Porque la música es arte y el lugar en que estábamos lo requería.

Después, Second dribló, alucinó –también– y se fue a casa intentando darse cuenta de dónde había estado. Llegó el turno de Supersubmarina. Los de Baeza brillaron en una noche que recuerdan como la que no iba a ser y al final fue un jodido “sístole diástole como una bomba a punto de reventar” en el interior de toda esa gente que saltó en cada nota de sus canciones.

Los relojes marcaban las 23:50 y –no se supo por qué– se hizo el silencio. En diez segundos estaría sonando “Enemigo yo”. Como un sexto sentido, le gente lo sabía. Había quien miraba hacia arriba y quien alrededor. El precioso armamento de los monumentos que rodean la Ciudad de las Artes gobernaba el Festival de Les Arts. “Es la primera edición y mira la que han liado”, pensaban algunos. Y empezó: “Penetrando en mi conocimiento, enturbiando los pocos recuerdos que tengo…”.

Ahora se entendía todo. ¿Qué querían los jóvenes –y no tan jóvenes– para el mes de junio? Sí. Era esto. Porque “para que sea distinto, nos tendremos que mirar y decirnos las verdades como nunca fueron tal”. Y unirse. Unirse en una voz contra el aburrimiento del mundo. Y cantar todos juntos. Pero en un lugar diferente.

Lo mejor era que aún quedaba un día entero de festival, con otros artistas a la altura de los anteriores. Jero Romero, Carlos Sadness, La Habitación Roja… Qué os voy a contar: sensibilidad y calidad en forma de música. Con el sol en plena espalda, IZAL rugió “La mujer de verde” y otras perlas acompañados del mundo entero. Porque los que allí estábamos creíamos que no había más Tierra que aquel asfalto sobre el que bailábamos. Nos mudamos al Cielo por un rato.

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Lo de Lori Meyers y, posteriormente, The Wombats fue otro cantar, nunca mejor dicho. Los granadinos empezaron pidiendo disculpas por interrumpir (Mi realidad) y acabaron manteados. Los de Liverpool impresionaron a los pocos que no sabían de su increíble show. Fueron 30 bandas las que llenaron los tres escenarios de arte. Y había más: el diseño, la ilustración, la moda o la gastronomía también estuvieron muy presentes completando un fin de semana épico en la ciudad ché.

Y aún hay quién se sigue preguntando por qué volver en junio al Festival de Les Arts.


Les Arts PRO 2015 por festivaldelesarts

La música necesita una estimulación corporal

Hace unos años leí un artículo en la ROCKDELUX. No recuerdo quién lo firmaba y desde aquí pido perdón por ello al autor del mismo. Aquel artículo era el de un hombre poseído por la música en el sentido más literal de la palabra ¿Recordáis las típicas películas de posesiones demoniacas en las que ha entrado el mismísimo Satán dentro del cuerpo de una persona y zarandeándose violentamente sobre una cama? Pues algo parecido o similar era lo que se trataba de explicar en esas líneas.

La música necesita una estimulación corporal. Ya no me sitúo en el plano de lo sensitivo, que es la primera clave para vivir una experiencia casi mística con una canción, o mejor, con un grupo de música. La música debe golpear en el cuerpo humano. Por eso es necesario ir a un concierto y ya no sólo centrarse en las canciones, sino también en la vibración que producen los altavoces cuando suenan esos temas y sientes que vibra el suelo y esas vibraciones se cuelan por tus talones hasta sentir cómo te llegan al pecho, hasta provocar que entras en un estado de trance en el que la música se ha apoderado de todo tu organismo y pierdes el sentido de todo, del espacio, del tiempo, de las personas que te rodean y sólo te veas a ti mismo moviéndote en círculos, pegando saltos, golpeando los pies contra el suelo y levantando los brazos hacia el cielo. A veces me han señalado en conciertos creyendo que he consumido alguna sustancia psicotrópica que ha provocado en mí esa forma de sentir la vibración de la música y bailar como un auténtico enzarpado. Lo cierto es que se confunden los que han llegado a esas conclusiones. No hay mayor droga que la música y acepto mi absoluta dependencia a sus sonidos.

Ni fuego, ni agua, ni aire, ni tierra. Mis cuatro elementos son el amor, la vida, la música y los libros. Es algo que siempre he tenido claro. Hace poco leía un poema de Cortázar a Carol, su amor eterno: “Te digo que no pienses negro sino profundo brillante azul” ¿Qué es el amor sin color? Un fracaso ¿Qué son las fotografías en blanco y negro? Un éxito ¿Qué es la música a secas? Un engaño. Conocí Música Ilustrada y sentí un impacto visual. Me marcó el color de sus ilustraciones. Pensé que la música, al igual que el amor, tiene un color invisible que da vida a las canciones, pero lo que más me gustó es que el trabajo de Música Ilustrada no se centra en el sonido, sino más bien en la figura del que canta letras, las toca con una guitarra y las baila sobre un escenario como si de una danza milenaria se tratara para lograr materializar el alma humana en algo que pueda tocarse.

Siempre he pensado que la música necesita un contacto directo con las personas que han hecho un esfuerzo en gastar su dinero en unas entradas para disfrutar de un concierto. Admiro a esos músicos que se lanzan al foso y saltan con el público para que la experiencia de un directo sea completa. He visto a Zahara, Jose Chino, Marc Sidonie y unos cuantos más, saltar a bailar o a cantar con la gente. He visto a Win Butler haciendo auténticas locuras entre el público, desde recorrerse un auditorio entero subido a los anti avalancha haciendo equilibrios para no caer mientras canta, hasta coger el móvil de alguien de la primera fila y grabar una canción entera y después devolvérselo. He visto en fotografías a Jimi Hendrix quemar guitarras. He visto vídeos de los Who rompiendo todos sus instrumentos mientras sonaba My Generation, y he querido mil veces haber asistido al último vals de The Band donde antes del concierto, invitaron a cenar a todos los asistentes en el vestíbulo mientras una orquesta tocaba vals de todo tipo.

Música Ilustrada coge un momento real que ha vivido un artista y lo inmortaliza para siempre, porque no hay nada más grande que ser fanático de un grupo y que su líder tenga la suficiente fuerza y carisma para hacernos sentir que les seguiríamos hasta la muerte, muriendo en defensa de sus canciones, por los siglos de los siglos, amén.

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